Había pasado casi dos semanas desde la muerte de Tomy, y Marco aún estaba en casa de sus padres.
Más que nunca dio gracias al cielo por la familia que tenía, a veces sentía que su apoyo era lo único que lo mantenía con vida.
En esos momentos no se sentía capaz de tomar ninguna decisión, ni siquiera las más básicas. Su familia lo obligaba a comer, a acostarse y a levantarse cada día.
Se sentía demasiado deprimido como para seguir con su vida. Sentía como si todo en su vida se hubiera detenido, y no le importaba. Ya nada le importaba ahora que Tomy no estaba.
Miró el agua de la piscina mecerse suavemente con la brisa. Todos los días hacía lo mismo. Se sentaba frente a la piscina y se dejaba hundir en sus depresivos pensamientos. Anhelando poder volver el tiempo atrás, deseando volver a ver los hermosos ojos de Tomy. Poder besarlo por última vez y decirle cuanto lo había amado.
—Marco… —Dijo su mamá sentándose en una silla a su lado.
La voz dulce de su mamá lo sacó de sus depresivos pensamientos.
—Tienes una visita amor. —Dijo su madre acariciando su mano.
—No quiero ver a nadie mamá. —Dijo cerrando los ojos.
—Lo sé, pero es necesario que comiences a ver a otras personas además de nosotros.
Abrió los ojos lentamente y miró a su mamá. No pudo evitar sentirse culpable por la tristeza que vio en sus ojos. Podía ver como ella sufría al verlo así. Toda su familia sufría con él.
—¿Cómo voy a seguir sin él mamá? —Preguntó con un nudo en la garganta.
—Con esfuerzo, pero debes hacerlo hijo. Tomy no hubiera querido verte así.
—Lo sé, pero no puedo hacerlo aún. Ni siquiera puedo aceptarlo todavía. —Dijo negando con la cabeza.
—Puedes tomarte todo el tiempo que necesites para superarlo hijo, sabes que puedes contar con nosotros. —Dijo besando su mano.
—¿Y si no logro superarlo? —Preguntó confesando uno de sus temores.— Esto no debió suceder mamá. Se supone que íbamos a estar juntos para siempre, a envejecer juntos como tú y papá…
—Lo sé hijo. Pero sucedió y debes aceptarlo. Cada día será más fácil de sobrellevar y algún día tal vez puedas mirar hacia atrás y recordar a Tomy sin sentir dolor.
Marco dudaba eso, no podía imaginar pensar en Tomy sin sentir que el dolor lo desgarrara como en esos momentos, pero fingió una sonrisa para su mamá.
—Gracias mamá.
—Ahora levántate. —Dijo cariñosamente apretando su mano.— Tu visita está esperando y creo que deberías verla.
—¿Verla?
Su madre solo asintió antes de levantarse y entrar en la casa.
Marco se pasó las manos por la cara, antes de obligar a su cuerpo a levantarse e ir a la sala. Cuando vio a su invitada se quedó congelado en la puerta.
Era Karen, la hermana de Tomy.
—Hola. —Dijo Karen con un hilo de voz.
Marco ni siquiera contestó, estaba furioso con ella. Karen y su familia no habían tenido la decencia de dejarlo asistir al funeral de su esposo.
—Sé que debes estar odiándome en estos momentos, pero te juro que no lo sabía… —Dijo Karen con los ojos llorosos.— Mi papá dijo que él se encargaría de avisarte del lugar y la hora. Recién durante el funeral me di cuenta que no estabas allí y ya era tarde, lo siento tanto.
Quería gritarle, odiarla pero no podía. Sabía que Karen era tan víctima de su padre como Tomy lo había sido.
Karen se veía tan mal como él se veía, con los ojos hinchados y demacrada. Sabía lo unida que era a Tomy y lo doloroso que su muerte había sido para ella también.
Finalmente se rindió, acercándose se sentó frente a ella. Además ya no había nada que hacer, Tomy estaba enterrado.
—Aún me cuesta creer que tu padre sea tan cruel. —Dijo finalmente.
—Le dije a mi papá que no debió dejarte fuera del funeral, ni a Gabriel, pero él jamás ha escuchado a nadie, menos aún a mí.
—¿Al menos fue una ceremonia bonita?
—Lo fue, muy sobria, al gusto de mi papá. —Dijo volviendo a llorar.— Me duele pensar que a Tomy no le hubiera gustado aquello, no es lo que él hubiera querido.
—No, Tomy hubiera querido que la gente que amaba estuviera allí.
—Lo sé.— Dijo entre sollozos.
Karen abrió su cartera y sacó un sobre grande de papel.
—Sé que esto no es consuelo… Pero le robé estas cosas a mi papá. Creo que deberías conservarlas tú. —Dijo entregándole el sobre con manos temblorosas.
Cuando lo abrió, había varias fotografías de Tomy cuando era niño y algunos dibujos que supuso eran obra suya. Su corazón dio un vuelco cuando vio que también estaba el teléfono de Tomy y su billetera roja, la estúpida billetera roja que tanto amaba Tomy.
Tuvo que reprimir las ganas de llorar cuando notó los rastros de sangre en ambos artículos.
—Falta la identificación, se la quedó mi papá para hacer los trámites legales…
—No está su argolla. —Dijo aclarándose la garganta.
—Pregunté por ella. —Dijo Karen avergonzada.— Mi papá dijo que su hijo era soltero, que no tenía por qué tener una argolla.
—¿No te dijo que hizo con ella?
—No. Si él la tiene la buscaré y te la enviaré, aunque probablemente no se la quitaron. Creo que lo enterraron con ella.
Marco dudaba eso, en la morgue debieron sacar el anillo y entregárselo a su padre, solo le quedaba rogar porque el corazón de hielo del oficial se hubiera ablandado un poco y el anillo no hubiera terminado en la basura.
Prefería pensar como Karen, que había sido enterrado con ella.
—¿Sabes…? ¿Sabes si sufrió mucho…? —Preguntó con un nudo en la garganta.
—No, él no sufrió. Falleció en el lugar del accidente… Es lo que decía la autopsia.
—¿Qué más decía la autopsia?
Notó a Karen dudar y luego habló con voz llorosa.
—El accidente le amputó una pierna a Tomy, ese fue el motivo de su muerte además del traumatismo, se desangró en el lugar. Un doctor amigo me dijo que era lo mejor, que si estaba consciente solo se durmió sin sentir dolor.
Marco contuvo las lágrimas y una parte de él dio gracias al cielo, lo tranquilizaba saber que Tomy no había sufrido.
—Ya colocaron la lápida en el cementerio. —Dijo Karen entre lágrimas.— Si quieres ir, puedo llevarte.
En contra de lo que les había dicho a Chris y a Gabriel, no pudo negarse. Odiaba ver a Tomy en un cementerio, pero sentía que no había podido despedirse de él y necesitaba decirle adiós.
—¿Puedes llevarme ahora? ¿En este momento? —Preguntó con voz ronca.
—Por supuesto. —Dijo Karen.
Salieron de la casa, sin avisarle a nadie, no quería que nadie lo acompañara, ni su madre, ni su hermana, ni nadie.
No quiso ir con Karen en su automóvil, prefirió seguirla en su propio carro hasta el cementerio. Al salir del vehículo ya notaba que la tensión en su cuerpo aumentaba.
Karen lo condujo lenta y silenciosamente hasta la tumba de Tomy. Cuando Karen se detuvo por fin frente a una lápida, Marco se quedó a unos metros.
Ahora que estaba allí no encontraba el valor para acercarse. Todavía a veces soñaba que su novio aparecía en cualquier momento frente a su puerta, pero si veía el nombre de Tomy en la lápida por fin sería real. Por fin tendría que aceptar que se había ido.
Apretó los labios para contener las lágrimas, Karen se despidió de él y la vio alejarse en dirección a su automóvil, agradeció que Karen tuviera la delicadeza de darle privacidad.
Tras varios minutos por fin se acercó a la tumba de Tomy.
Lo único grabado era el nombre y las fechas de nacimiento y defunción. Si él se hubiera encargado de la lápida habría hecho grabar un trozo del poema de Neruda…
Marco odiaba la poesía pero había memorizado completo el poema favorito de Tomy solo para sorprenderlo.

Te amo con el mundo que no entiendo.
Con la gente que no comprende.
Con la ambivalencia de mi alma.
Con la incoherencia de mis actos,
Con la fatalidad del destino.
Con la conspiración del deseo.
Con la ambigüedad de los hechos.
Aún cuando te digo que no te amo, te amo.
Hasta cuando te engaño, no te engaño.
En el fondo, llevo a cabo un plan, para amarte mejor.
Con la gente que no comprende… Con la fatalidad del destino…

Maldito Neruda.
Se arrodillo y pasó los dedos lentamente por las letras de la lápida, sintiendo el frío de la piedra y al mismo tiempo el calor de las lágrimas caer incontrolablemente de sus ojos.
Aún no podía creer que debajo de esa lápida estuviera el cuerpo cálido que durmió junto a él durante siete años, que los cálidos labios de Tomy estaban bajo esa tierra.
Y por fin lo asumió completamente. Era real, por fin asimiló que la muerte de Tomy era real.
Tomy se había ido para siempre.
Y con su partida había aprendido de la peor manera, que para algunas personas no había finales felices.

FIN

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