Tomy sonrió al salir de la ducha.
Era feliz, más feliz de lo que nunca había sido antes y todo gracias a su novio.
Marco y él llevaban tres dulces semanas juntos, las mejores tres semanas de su vida.
Nunca antes había sentido por nadie lo que sentía por Marco, sabía que se había enamorado rápidamente, no se necesitaba ser un genio para notarlo, simplemente estaba loco por él.
Esa noche irían al cine. Desde que Marco supo que le gustaba ir al cine, iban cada semana. Y aprovechaban la oscuridad de la sala para tomarse de las manos y besarse sin que nadie lo notara.
Estaba tan distraído pensando en Marco que no sintió cuando golpearon su puerta, ni cuando Marco entró en su habitación.
Tomy dio un saltó asustado al escuchar la voz de Marco.
—¡Tomás Zuanic! ¡Aún no estás vestido! —Dijo Marco con voz alegre entrando a su cuarto.
—Llegaste temprano… —Dijo poniéndose rojo como un tomate.
Tomy solo estaba envuelto en una toalla y rápidamente buscó una camiseta para cubrirse. No se sentía cómodo desnudo, Marco decía que le gustaba su cuerpo, pero él tenía ojos y no podía evitar notar cuan delgado y pequeño era.
—No te apures por mi… —Dijo Marco acercándose a él para besarlo y abrazarlo.
Las manos de Marco acariciaron suavemente su espalda y bajaron sutilmente a su delgado trasero. Aunque aún no hacían el amor, Marco y él pasaban horas besándose y tocándose.
Tomy se abrazó aún más a Marco suspirando. ¿Podía ser todo más perfecto?
—Hola cariño. —Dijo Marco cuando por fin se separaron a tomar algo de aire.
—Hola. ¿Gabriel te dejó entrar?
—Si, dijo que él iba a tomar unos tragos con Nelson, que nos dejaba el lugar a nosotros si es que queríamos portarnos mal… —Le dijo levantando las cejas juguetonamente.— Podríamos saltarnos el cine…
Tomy no pudo evitar sonrojarse. Quería hacer el amor con Marco, pero no podía evitar estar nervioso.
—No te quiero presionar, si aún no te sientes preparado podemos esperar.
—¿No te molesta esperar?
—Por supuesto que no amor. Todo esto es nuevo para ti, y quiero que tu primera vez sea perfecta.
—Lo será si es contigo. —Dijo honestamente.
No importaba si lo hacían ahora o en un año más, si su primera vez era con Marco sería perfecta.
Marco lo besó profundamente y Tomy se abrazó a él con el corazón latiendo a mil por hora.
Cuando comenzaban a moverse hacia la cama el timbre de la puerta sonó.
Ambos se quedaron congelados en su lugar y Marco lo soltó suavemente.
—Parece que Gabriel decidió volver, probablemente olvidó las llaves. —Le dijo a Marco con cara de disculpa.— Siempre se le olvida algo, es muy distraído.
—Parece que iremos al cine después de todo. —Dijo Marco dándole un último beso y caminando hacia la puerta.— Si quieres conservar tu virtud por otra noche, más vale que estés vestido cuando vuelva o no respondo de mí.
Tomy se rió y corrió a vestirse, pero ya había decidido que al volver del cine, quería que Marco y él hicieran el amor.
Esa era su última noche siendo virgen.

Marco fue a atender la puerta con una sonrisa y tratando de calmar su rabiosa erección. De solo pensar en Tomy envuelto en una delgada toalla era demasiada tentación. La idea de sacar la toalla y arrojarlos a ambos a la cama era muy fuerte.
Lo único que lo contenía era que no quería presionar a su novio. A Marco no le molestaba esperar, esperaría todo lo que Tomy necesitara, después de todo ambos eran jóvenes, Tomy apenas había cumplido diecinueve años, tenían todo el tiempo del mundo para estar juntos.
Su tímido novio de a poco estaba saliendo de su cascarón, aún no se atrevía a salir del closet, pero varios amigos, especialmente los suyos, ya sabían que estaban saliendo juntos.
Cuando abrió la puerta una jovencita estaba parada en la puerta, con un bolso a sus pies.
—¿Puedo ayudarte?
—Busco a Tomás, Tomás Zuanic. —Preguntó la jovencita mirándolo extrañada.
—Es aquí, pasa, él se está vistiendo, vamos saliendo al cine. —Le dijo para aclarar que la visita debía ser corta.
—No creo que pueda ir, no me dejará sola ahora que estoy aquí. —Le dijo mostrando su bolso.
—¿Te quedarás aquí? —Preguntó extrañado.
—Por supuesto, ¿donde más?
Sabía que Tomy tenía una hermana, pero le había dicho que era mayor que su novio, la muchacha frente a él no se veía mayor que Tomy.
—¿Eres su hermana?
—¿Solo puedo quedarme si soy su hermana? —Preguntó a la defensiva.— Ambos somos mayores de edad, si quiero dormir con mi novio, puedo hacerlo.
—¿Novio?
—Sí, soy Sonia, su novia. —Le dijo estirando su mano.
Marco miró su mano como si fuera una serpiente venenosa.
¿Novia? ¿Tomy tenía una novia?
—Marco… —»Su novio», quiso gritarle mientras estrechaba su mano.
—¿Le puedes avisar que llegué?
—¿Te estaba esperando?
—No, la verdad es que no. Quise darle la sorpresa. Hoy cumplimos seis meses juntos.
Y la sorpresa se la había llevado él. Su dulce novio era un mentiroso.
—Le avisaré que llegaste.
Fue a la habitación mordiéndose la rabia. Tomy tenía novia. Golpeó nuevamente y entró en la habitación de Tomy.
Tomy levantó la vista mientras abrochaba sus zapatillas.
—¿Era él?
—No, era una ella. —Dijo molesto.
—¿Ella?
—Sí, afuera está tu novia, Sonia.
Tomy palideció y miró a Marco sin decir nada.
—¿No pensabas decírmelo? —Preguntó muy molesto levantando levemente la voz, lo único que evitaba que gritara, era la presencia de aquella mujer afuera de la habitación.
Tomy solo se quedó sentado sin decir nada. Ni una disculpa, ni una excusa, ni una explicación. Nada.
—¿No tienes nada que decir? —Tomy permaneció en silencio lo que hizo que su enfado fuera en aumento.— ¡Bien! ¡Por lo menos lo supe antes de recibir la invitación a tu matrimonio! ¿Por qué vas a ser de esos gays no? ¿De los que se ocultan detrás de un matrimonio?
Tomy siguió pálido y sin decir nada. Así que Marco dio media vuelta para salir, cuando tenía la mano en la manilla, aún esperaba que Tomy lo detuviera, que dijera algo, pero ni una palabra salió de la boca de su novio.
—No te molestes en volver a hablarme. No quiero volver a saber nada de ti. —Dijo abriendo la puerta y saliendo hacia la sala y luego hacia la calle sin siquiera despedirse de la novia de Tomy.
El aire fresco de la noche ayudó a aliviar la presión que sentía en el corazón. La decepción que sentía solo se comparaba con los celos que ardían en su estómago pensando que la novia de Tomy se quedaría a dormir con él. Se quedaría a dormir con «su» novio.


Tomy aún no podía moverse, estaba haciendo esfuerzos titánicos para incluso poder respirar. Agachó la cabeza y la puso entre las piernas tratando de evitar desmayarse.
El recuerdo de Marco dejando su habitación hizo brotar las lágrimas que estaba conteniendo.
No había querido mentirle, en esas tres semanas había tratado varias veces de terminar con Sonia por teléfono, pero sentía que era una bajeza terminar con alguien de esa forma tan impersonal. Su idea era hablar con ella la próxima vez que viajara al norte, pero ella ahora estaba aquí, y había arruinado todo.
Y ni siquiera podía culparla. Todo era su culpa, si le hubiera explicado a Marco la situación, él hubiera entendido, pero ahora no había nada que hacer. Nada.
Lo había perdido. Había perdido a Marco por no terminar una relación con Sonia que nunca fue importante para él.
¿Por qué tenía que ser tan cobarde? ¿Por qué no reunía el valor para ser quien era?
Lo peor era que sabía que no podía hacerlo, no podía ser como Marco y salir del closet. Ni siquiera podía decirle la verdad a Sonia, ellos eran de una ciudad pequeña, si ella le contaba a alguien que era gay podía llegar a oídos de su padre y si él lo supiera… No, no podía ni siquiera pensar en esa posibilidad.
—¿Tomy? ¿Te sientes bien?
Levantó la vista y Sonia estaba allí. Su novia corrió hacia él y comenzó a frotarle la espalda en un esfuerzo inútil, definitivamente no llegaba aire a sus a pulmones.
Respiró profundo y trató de calmarse, después de varios minutos por fin su respiración se estabilizó un poco.
—¿Quieres que llame a alguien?
—No, ya estoy bien.
Miró el dulce rostro de Sonia. Ella no se merecía lo que le había hecho, había sido un cobarde al esconder su homosexualidad con ella, la había utilizado de una forma horrible.
Marco tenía razón, probablemente si no lo hubiera conocido habría seguido su relación con Sonia y terminaría casándose con ella o con alguna otra mujer para evitar que su padre supiera que era gay.
Pero había conocido a Marco. Y todo había cambiado. Quería ser valiente, por Marco. ¿Pero de qué le servía ahora ser valiente? Marco no quería saber nada de él.
—Sonia… Tenemos que hablar. —Dijo en un susurro.

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