Tomy sonrió mirando la argolla en su dedo anular. Marco y él llevaban siete años juntos, tres de ellos casados.
Marco lo había sorprendido con una cena para celebrar su graduación de la universidad, a la que ni su padre ni su hermana asistieron. Tomy entendía que su hermana no estuviera allí, después de todo, ella le tenía tanto miedo a su padre como él.
La ausencia de su padre tampoco lo sorprendió. Aún se estremecía al recordar la llamada telefónica donde le contó a su padre la verdad. Le había dicho todo, que era gay y que estaba enamorado de Marco. Como era de esperarse, su padre lo había repudiado firme y públicamente y no se había ahorrado ningún insulto.
Con la ausencia de su papá y su hermana, aquella celebración pudo haber sido una ocasión triste, pero Marco la había convertido en la mejor noche de su vida.
Con sus amigos y familia presentes, le pidió que “no se amaran por siempre”, entregándole un juego de argollas de matrimonio.
Cuando Tomy vio el grabado de la argolla casi llora de alegría, decía “Tomás y Marco, No te amo”. Cualquiera que la viera no entendería el significado de aquella frase, pero él sentía que era algo personal, que solo ellos entendían.
Para mejorar todo, no solo se habían casado simbólicamente frente a su gente, Marco también había memorizado y recitado el poema de Neruda.
Marco odiaba la poesía, así que ver a su precioso novio recitando a Neruda por él, era algo que jamás borraría de su corazón.
Tomy miró a Marco concentrado trabajando frente a su computador y sintió su corazón latir.
El amor que sentía por Marco no había disminuido ni un poco con los años, si era posible lo amaba aún más cada día.
Marco se dio cuenta que lo miraba y se giró a verlo.
—¿Qué pasa amor?
—Nada, solo estaba tratando de encontrarte algún defecto.
—¿Y encontraste alguno?
—Sí, tienes una mancha en la mejilla y creo que tienes un ojo levemente más pequeño que el otro. —Dijo bromeando.
En ese momento Marco comenzó a cerrar más un ojo y poner la cara torcida haciéndolo reír.
—¿Me vas a amar igual así? —Le dijo con la boca chueca.
—No, no te amo. —Le dijo acercándose a besarlo.
—Yo tampoco. —Dijo Marco tirando de su brazo y sentándolo en su regazo.— No te amo mucho.
Tomy lo besó y acarició el suave rostro de Marco. No se cansaba de tocarlo, de amarlo. Su vida sexual era increíble, pero Tomy sabía que no era gracias a él, no se consideraba a sí mismo un gran amante. A veces incluso se preguntaba si Marco estaba satisfecho con él. Su pareja nunca se había quejado al respecto pero no podía evitar sentir miedo de no ser lo suficientemente bueno para Marco.
—Dime qué pasa. —Dijo Marco notando su inseguridad.
—¿Eres feliz conmigo? ¿Te hago feliz? —Preguntó inseguro.
—Absolutamente. —Dijo mirándolo fijamente.— ¿Cómo puedes siquiera dudarlo?
Tomy levantó los hombros.
—No lo sé… A veces tengo miedo de que conozcas a alguien mejor que yo.
—Uf, eso es imposible amor. No hay nadie mejor que tú.
Tomy no pudo evitar sonreír.
—Te recordaré eso cuando sea viejo y feo y ya no me quieras.
—Nunca has sido y nunca serás feo amor.
—Eso no es verdad… Mi nariz es fea y soy muy flaco y…
—¿Sabes lo que pensé cuando te conocí? —Cuando Tomy negó con la cabeza Marco siguió hablando.— Que eras la cosa más dulce que había conocido nunca y cuando pude mirarte mejor en la biblioteca, pensé que tu nariz le daba carácter a tu rostro.
Marco acarició su fea nariz y Tomy se sonrojó.
—¿Qué… que opinarías si decido operarme la nariz?
—A mi no me molesta tu nariz. Pero si eso es algo que te hace sentir mejor, te apoyo completamente.
—Lo he estado pensando… Me asusta un poco.
—Si decides hacerlo estaré a tu lado todo el tiempo, lo prometo.
—Sé que lo harás. —Dijo abrazándose a Marco.
Sabía que Marco estaría a su lado, Marco siempre estaba a su lado. Odiaba ser tan malditamente dependiente, pero su pareja era muy comprensivo con eso.
Esperaba cambiar aquella situación, su nueva meta era comenzar a ser más independiente. Sabía que sería difícil, pero no quería estar siempre a la sombra de Marco y esperar que él tomara todas las decisiones.
Tomy sabía que la relación con su padre le había dejado grandes traumas. Ni siquiera se atrevía a viajar a su ciudad natal sin Marco, y nunca se había atrevido a visitar la casa de su hermana por miedo a encontrase con su papá.
Pero eso debía cambiar. Ya no era un niño que su padre podía intimidar, ahora era un adulto, no podía seguir viviendo con miedo.
Tomy había decidido confrontar por fin sus miedos, y la manera de hacerlo había surgido sin esperarlo. Karen lo había llamado para invitarlo a su casa, ella había tenido su primer bebé hace casi un mes y él aún no lo conocía.
Marco había estado con mucho trabajo y le había pedido que aplazara la visita a su hermana, pero él quería ver a su hermana y conocer a su sobrino.
—Mi hermana llamó hoy. —Dijo en voz baja.
—¿Cómo está?
—Bien, el pequeño es un dulce. Me pidió que fuera este fin de semana a verla.
Tomy pudo ver las alarmas en la cabeza de Marco comenzando a sonar, pero notó que se contuvo.
—¿Quieres ir? ¿Tú solo?
—¿Te molestaría?
—No, pero sabes que me preocupa tu padre…
—Lo sé, pero voy a casa de Karen, no a la de mi papá. No tengo por qué verlo si no quiero.
Marco puso cara de incredulidad.
—Amor, acaba de nacer su primer y probablemente único nieto. ¿De verdad crees que no estará en casa de tu hermana?
—No me acercaré a él. ¿Además que puede hacerme?
—No lo sé. Pero tu padre no me agrada, no quiero que vuelva a lastimarte amor.
—Ya no puede lastimarme, ya no tiene ese poder. —Dijo orgulloso.— Se lo quité junto con el poder de controlar mi vida. Pero si no lo confronto nunca…
—Estoy orgulloso de ti. —Marco sonrió y lo abrazó.
Tomy aún sentía que tenía un largo camino por recorrer, pero sabía que podía lograr cualquier cosa mientras tuviera a Marco. Lo que había sufrido en su infancia ya no le importaba, ahora era feliz. Ambos lo eran y no había nada que pudiera acabar con aquella felicidad.
Ni siquiera su padre.

Marco ubicó su camioneta en el estacionamiento del terminal de buses. Odiaba no poder acompañar a Tomy, pero tenía mucho trabajo y esa semana tenía la inspección final del primer edificio que Chris y él habían construido.
Faltaba cerca de media hora para que el bus de Tomy partiera. Marco hubiera preferido que viajara en avión, pero su novio le tenía miedo a volar.
De todas formas prefería que viajara en bus y no condujera. Su novio odiaba conducir distancias largas y el viaje al norte era de alrededor de seis horas, además tenía un don increíble para dormirse en los vehículos en movimiento, así que viajando en bus, Marco también se quedaba tranquilo de que no se durmiera frente al volante.
—¿Llevas el pasaje a mano? —Preguntó a Tomy.
—Sí, aquí está. —Dijo sacando su vieja billetera roja y revisándola.
—Parece que ya es tiempo de cambiar tu billetera. —Dijo mirando el gastado cuero.
—No. Aún sirve, cuando empiece a caerse en pedazos tal vez me deshaga de ella. —Dijo Tomy
Aquella billetera era uno de los artículos favoritos de Tomy. Su novio había escuchado en alguna parte que las billeteras rojas eran de buena suerte y había recorrido media ciudad en busca de una. Finalmente Marco mandó a hacer aquella billetera y se la regaló a Tomy. Y su novio jamás se desprendió de ella.
—Deberías tomar un avión, estarías en La Serena en menos de una hora. —Le dijo a Tomy.
—Sabes que no me gusta viajar en avión. Me pone nervioso.
—Has viajado conmigo.
—Sí, pero solo lo soporto porque estás a mi lado.
—Si me esperas unos días podré acompañarte…
—No es necesario, además debo hacer esto yo solo. —Dijo tratando de sonar valiente.— Te prometo que todo saldrá bien.
—Aún creo que deberías quedarte aquí.
—Volveré en solo una semana.
—Una semana es demasiado. No me gusta que te quedes en casa de tu hermana, me preocupa lo que pueda decir o hacer tu padre. Si llega a lastimarte de cualquier manera…
—Tomaré mis cosas y correré a casa de Gabriel.
Gabriel a diferencia de ellos, no se había quedado en la capital y había vuelto al norte, donde trabajaba en un pequeño estudio de arquitectura. Lo tranquilizaba saber que Gabriel estaría allí por si pasaba algo malo con el padre de Tomy.
—Deja de preocuparte tanto. —Le dijo Tomy apretando su mano cariñosamente.— Tus padres también están allá y tus hermanos. No estaré solo.
Marco lo acercó y acarició sus labios, no podría besarlo antes de que subiera al bus, así que lo besó profundamente.
Cuando se separaron, Tomy tenía la más bella de las sonrisas en su rostro.
—Te amo Marco.
—Y yo a ti Tomy.
Salieron de la camioneta y Marco acompañó a Tomy hasta el bus. Sin poder aguantarse lo abrazó, y mandó al demonio lo que pensara la gente, se quedaron abrazados hasta que fue hora de partir. Tomy espero hasta el último minuto para subir al vehículo que lo llevaría al norte.
Marco sonrió cuando Tomy se sentó al lado de la ventana, su novio siempre se sentaba del lado de la ventana. Cuando el bus comenzó a moverse Tomy colocó su palma abierta sobre la ventana y dijo “No te amo” moviendo los labios silenciosamente.
Marco susurró “Yo tampoco te amo”.
Se siguieron mirando hasta que el bus giró para salir del terminal.
Cuando no vio más a Tomy una horrible sensación se clavó en su pecho. Por un momento pensó que era un mal presentimiento, pero lo descartó rápidamente, debía ser que ya lo extrañaba.
Al llegar a la camioneta su teléfono vibró con un mensaje de Tomy.
“Ya te extraño ”.
Marco sonrió y escribió rápidamente un mensaje en respuesta.
“Entonces vuelve pronto, yo también te extraño”. —Respondió.
Suspiró resignado, sería una horrible semana sin Tomy.

Tomy estaba durmiendo, siempre se dormía en los buses, no podía evitarlo.
Cuando sintió la fuerte sacudida que dio el bus, se despertó de golpe solo para sentir que su mundo se volteaba, escuchó gritos y sintió su cuerpo golpearse hasta que todo se detuvo.
Se sentía atontado y adolorido, trató de moverse pero no tenía fuerzas. A su alrededor sentía gritos y lamentos, gente pidiendo ayuda y llorando.
Cuando logró aclarar la vista, tenía la mano frente a su cara, lo único que podía ver claramente era su anillo de matrimonio. Se tranquilizó pensando en Marco, su esposo vendría por él, sabía que Marco llegaría a buscarlo, que estaría con él.
Trató de moverse, quería alcanzar su teléfono y llamar a Marco, pero las fuerzas no lo acompañaban, se sentía muy cansado.
Cerró un momento los ojos, solo un momento para descansar y en esos momentos su pierna comenzó a doler mucho y se contuvo de gritar.
Trató de volver a abrir los ojos pero no pudo, sentía que las fuerzas lo abandonaban y poco a poco comenzaba a desvanecerse el dolor.
Lo tranquilizó que ya no sentía dolor. Si nada le dolía significaba que no estaba tan herido, podría ir a casa con su esposo.
Quería ir a casa, quería ir a casa con Marco…
Fue lo último que pudo pensar antes de que todo se oscureciera para siempre.

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