Marco estacionó su automóvil frente al departamento de Tomy. Estaba algo molesto, llegaban las vacaciones de verano y eso significaba que Tomy volvería al norte. Cada verano era igual, desde que eran novios hace tres años, su novio volvía a su casa para jugar a ser hetero frente a su padre.
Odiaba que Tomy volviera a la casa de su padre. Marco no olvidaba lo que Gabriel le había contado y aún sentía ganas de darle un puñetazo al padre de Tomy por golpearlo, además una parte suya temía que su novio aún fuera golpeado cuando visitaba a su padre.
Cada vez que Tomy volvía del norte, Marco hacía un chequeo completo del cuerpo de su novio, obviamente aprovechaba de besar cada rincón de su cuerpo y de hacerle el amor por horas, pero no dejaba de buscar cualquier indicio de golpes.
Nadie iba a golpear a su novio de nuevo. Nadie.
Cuando entró en el departamento de Tomy con la llave que su novio le había dado, Gabriel estaba en la sala en lo que parecía una discusión con Tomy.
En cuanto lo vieron, ambos dejaron de hablar notoriamente incómodos. Era raro verlos discutir, Gabriel y Tomy eran como hermanos. Aún cuando ambos tenían la misma edad, Gabriel era muy protector con Tomy.
—¿Está todo bien? —Preguntó en cuanto cerró la puerta.
—Sí. —Dijo Tomy tímidamente.
—No. —Dijo Gabriel caminando hacia la puerta.— Los dejo para que hablen. Tal vez puedas meter algo de sentido común en la cabeza de tu novio.
Antes de que Gabriel saliera del departamento Marco detuvo a Gabriel por el brazo.
—Tus llaves. —Le recordó.
Marco se contuvo de sonreír, Gabriel siempre olvidaba sus llaves.
—Gracias. —Dijo Gabriel cogiendo las llaves y saliendo rápidamente.
Cuando se quedaron solos Tomy caminó al dormitorio y Marco lo siguió. Cuando vio el bolso a medio hacer de Tomy, su mal humor volvió.
—¿Por qué preparas tu bolso tan pronto? ¿Pensé que aún te quedarías una semana más?
—Mi papá llamó… Me pidió que viajara mañana.
—¿Mañana? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Llamó hace solo una hora.
—¿Por eso discutías con Gabriel?
—En parte. Lo que pasa es que mi papá me pidió que… —Dijo Tomy tan bajito que no alcanzó a escuchar la última frase.
—¿Tu papá te pidió qué?
—Qué acompañara a la hija de un amigo a una comida.
—¿Cómo acompañante?
Tomy asintió con la cabeza y desvió la mirada avergonzado. No era la primera vez que tenían una discusión parecida. Era habitual que Tomy aceptara asistir a las citas que su papá le concertaba para evitar contarle que era gay.
Marco lo aceptaba porque sabía que Tomy no quería salir del closet con su padre aún, además solo acompañaba a las chicas y luego no las volvía a ver. Pero que lo aceptara no significaba que no le molestara mucho.
—¡Genial! —Dijo irónicamente.— Entonces ahora tendré que dejarte partir una semana antes para que tú puedas fingir ser hetero delante de tu padre.
—No… —Dijo dejándose caer en la cama.— Por favor no te enojes conmigo.
Marco respiró profundo para calmarse. En el tiempo que llevaban juntos había aprendido a controlarse para no alterar a Tomy.
—No estoy enojado contigo. Pero no soporto más esta situación.
—¿Qué quieres que haga? No puedo… No puedo decírselo.
—Lo que quiero es que estemos juntos. —Dijo sentándose frente a él y cogiéndolo de las manos.— Lo que quiero es que no debamos separarnos porque tu padre te obligue a volver cada verano.
—Solo me falta un año para terminar…
—¿Y por qué debemos esperar? Si no quiere pagar tu carrera yo lo haré, si te echa de tu casa, tienes donde vivir, llevo dos años pidiéndote que vivas conmigo.
—Es que… Es… Yo no puedo… No puedo decirle. No entenderá.
—¿Y qué más da que no lo entienda? Ustedes no son cercanos. Durante el tiempo que te conozco apenas hablas con él y solo lo ves en las vacaciones.
—Porque él no es como tu padre, él no entenderá, él va a gritarme… —Sus ojos se llenaron de lágrimas y se giró para que Marco no lo viera llorar.
—No hagas eso amor… —Dijo sosteniendo más fuerte sus manos para evitar que se alejara.— No te avergüences de llorar.
—Los hombres no lloran… —Dijo casi en un susurro.
—Esa frase es la más idiota que conozco, los hombres si lloran.
—Tú no lo haces. El único llorón en esta relación soy yo.
—Y te amo… Llorón y todo. —Dijo tirando de Tomy y sentándolo sobre sus piernas.
Tomy se abrazó a él y apoyó la cabeza en su cuello.
—¿A que le temes tanto amor? ¿Qué puede hacer tu padre aparte de gritar?
—Con solo eso logra aterrarme. —Dijo con un hilo de voz.
Tomy jamás hablaba abuso físico que había sufrido de niño y Marco estaba seguro que esa era la raíz de todas las trancas y todos los traumas de su novio.
Había tratado durante los últimos años de sacar a Tomy del cascarón en el que estaba encerrado, su novio no solo era tímido, también le temía a todo, a los aviones, a la velocidad, a las arañas, a la oscuridad, a las alturas y especialmente a las confrontaciones. Había notado que jamás discutía con él y que jamás se atrevía a contradecirlo y no era algo que le agradara, quería que Tomy sacara la voz, que se defendiera, pero jamás lo hacía.
—¿Temes que te golpee amor? —Preguntó en un susurro.
Tomy se tensó en sus brazos y luego asintió suavemente con la cabeza.
—¿Te golpeaba? —Por toda respuesta Tomy volvió a asentir con la cabeza.— ¿Qué… Qué tan seguido lo hacía?
—A veces… Cuando llegaba enojado o cuando había algo que no le gustaba. A veces eran situaciones puntuales y reaccionaba, como cuando…
—¿Cuándo?
—Cuando él… él me rompió la nariz cuando era niño.
—¿Qué edad tenías?
—Diez u once.
Marco no podía entender como un hombre adulto podía golpear a un niño al punto de romperle la nariz. Simplemente le parecía horroroso.
—¿Qué pasó?
—Él llegó de uno de sus viajes y yo estaba jugando a las muñecas con mi hermana. Cuando me vio, me tomó del brazo muy fuerte y me sacó de la habitación de mi hermana, gritaba que el solo tenía una hija y que yo no debía jugar con muñecas. Cuando le contesté que no tenía nada de malo que siempre lo hacía, me golpeó en la cara, muy fuerte, la nariz comenzó a sangrarme y no podía pararla. Me gritó que no quería tener un hijo maricón, que si quería jugar con muñecas quemaría mi ropa y me obligaría a usar vestidos.
Abrazó más fuerte a Tomy conteniendo las ganas de ir a buscar al troglodita padre de su novio y molerlo a golpes.
Miró la torcida nariz de su novio, aquella nariz que tanto lo acomplejaba y se dio cuenta que el infeliz de su padre ni siquiera se preocupó de reparar el daño físico que le había hecho a Tomy.
—¿No lo notaron en tu colegio? ¿Los golpes?
—Nunca me golpeaba la cara, y esa vez estaba de vacaciones, le dijo a todo el mundo que me había caído de la bicicleta.
—¿Todavía lo hace? ¿Aún te golpea?
—No, dejó de hacerlo cuando crecí, tal vez ya no lo hacía enojar tanto.
—Si él te golpeaba eso no era tu culpa amor. Ni por un segundo pienses que aquello fue tu culpa.
—Lo sé. Es solo que yo… no puedo, no puedo enfrentarlo Marco…
—Cariño, mírame. —Le dijo levantando su mentón suavemente.— ¿Crees que dejaré que él te lastime?
—No…
—Si llega a ponerte un dedo encima nuevamente, aunque sea tu padre, se las verá conmigo. Nadie volverá a lastimarte amor, no mientras pueda defenderte.
—Lo sé… —Dijo Tomy abrazándose muy fuerte a él.— No sé qué haría sin ti.
—Si quieres yo iré contigo. Estaré a tu lado y se lo diremos juntos. Le diremos que somos novios y que estamos enamorados.
—¡No! —Dijo Tomy mirándolo y con pánico en la voz.— Él puede lastimarte, no dejaré que lo hagas. No quiero que te golpee.
—¿Crees que no puedo defenderme? —Dijo levantando una ceja.— Llevo años queriendo volarle el culo a patadas a tu padre cuando lo vea.
—Por favor hazlo cuando esté presente, me encantaría verlo. —Tomy rió en su cuello y Marco se alegró de haberlo hecho sonreír.
—Ya no debes temerle amor. Ahora eres un adulto y él ya no debería controlar tu vida. Pero si no lo confrontas, le das el poder para que lo haga.
—Lo sé… No sé cómo diablos me aguantas.
—¿Por qué crees que lo hago?
—¿Por qué me amas?
—No, no te amo. —Dijo serio.
—¿No? —Tomy levantó el rostro y sus ojos tristes casi le parten el corazón.
—No, no te amo. —Dijo acariciando su mejilla.— Te adoro Tomy. Eres el amor de mi vida, la razón por la que me levanto en las mañanas… Te amo con todo mi corazón.
—¿Cómo en el poema de Neruda?
Marco sonrió, su novio solía leer poesía, él prefería las novelas de Tom Clancy, pero Tomy leía a Neruda, Huidobro y Mistral.
—¿Cuál poema? —Preguntó intrigado.
—“Aún cuando te digo que no te amo, te amo, hasta cuando te engaño, no te engaño, en el fondo, llevo a cabo un plan, para amarte mejor”. —Dijo Tomy recitando de manera brillante.
—Ya ves, Neruda tenía razón, no te amo, solo llevo a cabo un plan, para amarte mejor.
—Entonces yo tampoco te amo.
—Entonces vamos a “no” amarnos para siempre. —Dijo Marco besándolo.
—No te amo para siempre… —Dijo Tomy sonriendo.
Marco lo siguió besando, pero no hizo ningún intento de llevarlo a la cama. Sabía que Tomy tampoco lo haría, su novio rara vez tomaba la iniciativa en la cama.
Cuando separaron sus labios, Marco lo miró serio. Quería solucionar el tema de su padre ese mismo día, si eso evitaba que su novio dejara la ciudad, el tema quedaría zanjado ese mismo día.
—¿Hablaremos con tu papá? —Preguntó y sintió a Tomy tensarse.— No estás solo en esto amor. Si no te sientes capaz de decírselo en persona podemos llamarlo por teléfono.
—¿No… No será cruel decírselo de esa forma?
—¿Más cruel de lo que él ha sido contigo?
Sintió a Tomy respirar una y otra vez para calmarse y después miró dulcemente a Marco antes de sacar el teléfono del bolsillo de sus pantalones. Marcó con dedos temblorosos y esperó la conexión de la llamada.
—¿Papá? Sí, soy Tomy… Hay algo que debo contarte…

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