Marco miraba el reloj a cada rato. Faltaban veinte minutos para que Tomy llegara a su destino.
No había querido llamarlo durante el viaje porque su novio siempre se dormía en los buses. Lo más probable es que estuviera profundamente dormido y recién despertara cuando sintiera el bus detenerse.
Suspiró cansado, había sido un día muy pesado y de solo pensar que esa noche dormiría lejos de su esposo lo ponía de mal humor.
De improviso su puerta se abrió y Chris entró a su oficina junto a su papá.
Desde que Chris y él se habían hecho cargo de la empresa en la capital, su papá se aparecía solo una vez al mes para ver como andaba todo. Afortunadamente dejaba a Chris y a él hacer lo que creyeran era lo mejor para la empresa y hasta ahora no lo habían decepcionado.
Cuando vio los ojos de Chris se quedó helado, su amigo tenía los ojos llorosos. Chris nunca lloraba. Al mirar a su papá supo enseguida que algo malo había pasado.
—¿Qué sucedió? —Preguntó enseguida levantándose de la silla.
—Hijo… Será mejor que te sientes. —Dijo su padre llegando hasta él y empujándolo suavemente a su silla.
—¿Qué sucedió? —Preguntó ahora más alarmado.
Su primer pensamiento fue hacia su mamá, ella había estado algo decaída últimamente y su papá le había dicho que visitaría un doctor esa semana.
Su papá se arrodilló frente a él y pudo ver el dolor en los ojos.
—Es Tomy hijo…
¡No! Pensó aturdido. Tomy estaba bien.
—Tomy está bien, va camino al norte… —Dijo conteniendo la respiración.
—Hijo… El bus en el que viajaba se volcó poco antes de llegar a La Serena.
—¿Tomy está herido? —Preguntó desesperado.— ¿A qué hospital lo llevaron?
—A ningún hospital… Tomy no sobrevivió.
¿No sobrevivió? ¿No sobrevivió? ¿No sobrevivió? Marco trataba de procesar la información, pero no lo lograba. Dentro de su aturdimiento sintió a Chris llorar.
¿Tomy estaba muerto? ¿Tomy había muerto?
—No, no, estás equivocado, él no puede… no… no. —Dijo aturdido, eso no podía ser cierto, no era posible.
Cogió su teléfono rápidamente con dedos temblorosos y marcó el número de Tomy, de inmediato saltó al buzón de voz. Volvió a marcar una y otra vez, pero era inútil…
Comenzó a temblar sin control y sintió los brazos de su padre rodeándolo, su papá era igual de alto que él, pero más macizo, agradeció en esos momentos que su papá estuviera con él.
—Papá… —Le dijo a su padre rogándole con la mirada que le dijera que no era verdad, que Tomy no podía estar muerto.
—Lo siento tanto hijo…
Sintió que las piernas se le doblaban y entre su papá y Chris lo sentaron.
Respiró profundo para calmarse, debía llegar con Tomy, no podía dejar a Tomy abandonado en un hospital o una morgue. Debía traerlo a casa.
—Debo ir al norte, tengo que ir a buscarlo. —Dijo con un hilo de voz por el nudo que tenía en la garganta.
—Tu secretaria está llamando para reservar los pasajes, saldremos cuanto antes. —Dijo su padre mirándolo.— ¿Estás bien hijo?
No. No estaba bien, estaba conteniendo las ganas de gritar. Marco se preguntaba internamente por qué no lloraba. Chris lloraba, su papá lloraba, pero sus ojos estaban secos. Solo sentía frío, aturdimiento, pero no podía llorar.
Solo asintió levantándose de la silla, tomó sus cosas y salió como un zombie de la oficina, acompañado de su papá y de Chris.
No supo cómo llegó al aeropuerto, ni como subió al avión. En lo único que podía pensar era en Tomy. En el momento que lo vio cuando subió al bus, había tenido un presentimiento…
No debió dejarlo partir. Nunca debió dejarlo partir.
Cuando llegaron al aeropuerto de La Serena, su mamá, sus hermanos y Gabriel estaban allí. Abrazó a todos y tranquilizó a su mamá que lloraba desconsolada.
Todos quienes estaban allí amaban a Tomy, era imposible no amarlo, él era tan dulce…
—Gabriel… ¿Dónde está? —Pidió de inmediato queriendo que lo llevaran con Tomy.
—En la morgue de la ciudad.
Solo pudo asentir mientras la información entraba en su cerebro. En la morgue. Tomy estaba en una morgue.
Subió al automóvil de su hermano junto a sus padres y Chris se fue con su hermana y Gabriel.
—¿Está bien? —Escuchó a su mamá preguntar a su papá
—Creo que aún está en shock. —Contestó su papá abrazándola.
¿Estaba en shock? Probablemente. Aún no podía creer que esto estuviera sucediendo. En la mañana todo era perfecto y ahora iba camino a la morgue a identificar y retirar el cuerpo de Tomy…
Solo cuando el automóvil de su hermano se detuvo frente a la casa de sus padres, se dio cuenta que no lo habían llevado a la morgue.
Todos bajaron rápidamente del automóvil dejándolo confundido. Salió del carro y miró a su familia.
—¿Por qué estamos aquí? Debo ir a la morgue. —Murmuró esperando que su hermano lo llevara.
Notó el cambio de actitud de sus padres y su hermano. Gabriel se acercó a él y luego lo miró avergonzado.
—No es necesario que vayas allí. —Dijo Gabriel.
—Sí lo es, Tomy es… era mi pareja.
—Marco… Legalmente el responsable es su padre. —Dijo Gabriel.
En ese momento todo el peso de la realidad cayó sobre él. Tomy y él estaban casados solo simbólicamente. Legalmente no tenía ningún derecho sobre los restos de Tomy.
Había estado conteniendo la rabia y el dolor por horas y aquello lo hizo explotar por fin.
—¡No! ¡No! —Dijo gritando en medio del jardín.— ¡Tomy era mi esposo! ¡Es mi responsabilidad! ¡No de él!
—Marco, cálmate hijo. —Su padre trató de acercarse pero Marco estaba más allá de entender nada y se alejó de él.
—¡No! ¡No quiero que ese hombre se le acerque! —Dijo golpeando el capó del carro con los puños.— ¡Él lo lastima! ¡Su padre lo hace sufrir! ¡No dejaré que lo lastime! ¡Le prometí que jamás volvería a lastimarlo!
—¡Marco! —Dijo su hermano mayor llegando hasta él y conteniéndolo.— Ya no puede lastimarlo hermanito, ya nadie puede lastimarlo.
—No… —Dijo tratando de zafarse de los fuertes brazos de su hermano.— Él no… Él no…
—Él se fue Marco. —Dijo su hermano mayor tomándole la cara entre sus grandes manos.— Tomy se fue.
Marco no podía aceptarlo, se negaba a aceptarlo, pero su hermano tenía razón. Tomy se había ido. Tomy estaba muerto y no iba a volver.
Apoyó su frente en la de su hermano y dejó que el dolor por fin lo venciera. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y se desplomó en el suelo sollozando en los brazos de su hermano.

Marco ubicó su camioneta en el estacionamiento del terminal de buses. Odiaba no poder acompañar a Tomy, pero tenía mucho trabajo y esa semana tenía la inspección final del primer edificio que Chris y él habían construido.
Faltaba cerca de media hora para que el bus de Tomy partiera. Marco hubiera preferido que viajara en avión, pero su novio le tenía miedo a volar.
De todas formas prefería que viajara en bus y no condujera. Su novio odiaba conducir distancias largas y el viaje al norte era de alrededor de seis horas, además tenía un don increíble para dormirse en los vehículos en movimiento, así que viajando en bus, Marco también se quedaba tranquilo de que no se durmiera frente al volante.
—¿Llevas el pasaje a mano? —Preguntó a Tomy.
—Sí, aquí está. —Dijo sacando su vieja billetera roja y revisándola.
—Parece que ya es tiempo de cambiar tu billetera. —Dijo mirando el gastado cuero.
—No. Aún sirve, cuando empiece a caerse en pedazos tal vez me deshaga de ella. —Dijo Tomy
Aquella billetera era uno de los artículos favoritos de Tomy. Su novio había escuchado en alguna parte que las billeteras rojas eran de buena suerte y había recorrido media ciudad en busca de una. Finalmente Marco mandó a hacer aquella billetera y se la regaló a Tomy. Y su novio jamás se desprendió de ella.
—Deberías tomar un avión, estarías en La Serena en menos de una hora. —Le dijo a Tomy.
—Sabes que no me gusta viajar en avión. Me pone nervioso.
—Has viajado conmigo.
—Sí, pero solo lo soporto porque estás a mi lado.
—Si me esperas unos días podré acompañarte…
—No es necesario, además debo hacer esto yo solo. —Dijo tratando de sonar valiente.— Te prometo que todo saldrá bien.
—Aún creo que deberías quedarte aquí.
—Volveré en solo una semana.
—Una semana es demasiado. No me gusta que te quedes en casa de tu hermana, me preocupa lo que pueda decir o hacer tu padre. Si llega a lastimarte de cualquier manera…
—Tomaré mis cosas y correré a casa de Gabriel.
Gabriel a diferencia de ellos, no se había quedado en la capital y había vuelto al norte, donde trabajaba en un pequeño estudio de arquitectura. Lo tranquilizaba saber que Gabriel estaría allí por si pasaba algo malo con el padre de Tomy.
—Deja de preocuparte tanto. —Le dijo Tomy apretando su mano cariñosamente.— Tus padres también están allá y tus hermanos. No estaré solo.
Marco lo acercó y acarició sus labios, no podría besarlo antes de que subiera al bus, así que lo besó profundamente.
Cuando se separaron, Tomy tenía la más bella de las sonrisas en su rostro.
—Te amo Marco.
—Y yo a ti Tomy.
Salieron de la camioneta y Marco acompañó a Tomy hasta el bus. Sin poder aguantarse lo abrazó, y mandó al demonio lo que pensara la gente, se quedaron abrazados hasta que fue hora de partir. Tomy espero hasta el último minuto para subir al vehículo que lo llevaría al norte.
Marco sonrió cuando Tomy se sentó al lado de la ventana, su novio siempre se sentaba del lado de la ventana. Cuando el bus comenzó a moverse Tomy colocó su palma abierta sobre la ventana y dijo “No te amo” moviendo los labios silenciosamente.
Marco susurró “Yo tampoco te amo”.
Se siguieron mirando hasta que el bus giró para salir del terminal.
Cuando no vio más a Tomy una horrible sensación se clavó en su pecho. Por un momento pensó que era un mal presentimiento, pero lo descartó rápidamente, debía ser que ya lo extrañaba.
Al llegar a la camioneta su teléfono vibró con un mensaje de Tomy.
“Ya te extraño ”.
Marco sonrió y escribió rápidamente un mensaje en respuesta.
“Entonces vuelve pronto, yo también te extraño”. —Respondió.
Suspiró resignado, sería una horrible semana sin Tomy.

Tomy estaba durmiendo, siempre se dormía en los buses, no podía evitarlo.
Cuando sintió la fuerte sacudida que dio el bus, se despertó de golpe solo para sentir que su mundo se volteaba, escuchó gritos y sintió su cuerpo golpearse hasta que todo se detuvo.
Se sentía atontado y adolorido, trató de moverse pero no tenía fuerzas. A su alrededor sentía gritos y lamentos, gente pidiendo ayuda y llorando.
Cuando logró aclarar la vista, tenía la mano frente a su cara, lo único que podía ver claramente era su anillo de matrimonio. Se tranquilizó pensando en Marco, su esposo vendría por él, sabía que Marco llegaría a buscarlo, que estaría con él.
Trató de moverse, quería alcanzar su teléfono y llamar a Marco, pero las fuerzas no lo acompañaban, se sentía muy cansado.
Cerró un momento los ojos, solo un momento para descansar y en esos momentos su pierna comenzó a doler mucho y se contuvo de gritar.
Trató de volver a abrir los ojos pero no pudo, sentía que las fuerzas lo abandonaban y poco a poco comenzaba a desvanecerse el dolor.
Lo tranquilizó que ya no sentía dolor. Si nada le dolía significaba que no estaba tan herido, podría ir a casa con su esposo.
Quería ir a casa, quería ir a casa con Marco…
Fue lo último que pudo pensar antes de que todo se oscureciera para siempre.
Capítulo Octavo
Marco miraba el reloj a cada rato. Faltaban veinte minutos para que Tomy llegara a su destino.
No había querido llamarlo durante el viaje porque su novio siempre se dormía en los buses. Lo más probable es que estuviera profundamente dormido y recién despertara cuando sintiera el bus detenerse.
Suspiró cansado, había sido un día muy pesado y de solo pensar que esa noche dormiría lejos de su esposo lo ponía de mal humor.
De improviso su puerta se abrió y Chris entró a su oficina junto a su papá.
Desde que Chris y él se habían hecho cargo de la empresa en la capital, su papá se aparecía solo una vez al mes para ver como andaba todo. Afortunadamente dejaba a Chris y a él hacer lo que creyeran era lo mejor para la empresa y hasta ahora no lo habían decepcionado.
Cuando vio los ojos de Chris se quedó helado, su amigo tenía los ojos llorosos. Chris nunca lloraba. Al mirar a su papá supo enseguida que algo malo había pasado.
—¿Qué sucedió? —Preguntó enseguida levantándose de la silla.
—Hijo… Será mejor que te sientes. —Dijo su padre llegando hasta él y empujándolo suavemente a su silla.
—¿Qué sucedió? —Preguntó ahora más alarmado.
Su primer pensamiento fue hacia su mamá, ella había estado algo decaída últimamente y su papá le había dicho que visitaría un doctor esa semana.
Su papá se arrodilló frente a él y pudo ver el dolor en los ojos.
—Es Tomy hijo…
¡No! Pensó aturdido. Tomy estaba bien.
—Tomy está bien, va camino al norte… —Dijo conteniendo la respiración.
—Hijo… El bus en el que viajaba se volcó poco antes de llegar a La Serena.
—¿Tomy está herido? —Preguntó desesperado.— ¿A qué hospital lo llevaron?
—A ningún hospital… Tomy no sobrevivió.
¿No sobrevivió? ¿No sobrevivió? ¿No sobrevivió? Marco trataba de procesar la información, pero no lo lograba. Dentro de su aturdimiento sintió a Chris llorar.
¿Tomy estaba muerto? ¿Tomy había muerto?
—No, no, estás equivocado, él no puede… no… no. —Dijo aturdido, eso no podía ser cierto, no era posible.
Cogió su teléfono rápidamente con dedos temblorosos y marcó el número de Tomy, de inmediato saltó al buzón de voz. Volvió a marcar una y otra vez, pero era inútil…
Comenzó a temblar sin control y sintió los brazos de su padre rodeándolo, su papá era igual de alto que él, pero más macizo, agradeció en esos momentos que su papá estuviera con él.
—Papá… —Le dijo a su padre rogándole con la mirada que le dijera que no era verdad, que Tomy no podía estar muerto.
—Lo siento tanto hijo…
Sintió que las piernas se le doblaban y entre su papá y Chris lo sentaron.
Respiró profundo para calmarse, debía llegar con Tomy, no podía dejar a Tomy abandonado en un hospital o una morgue. Debía traerlo a casa.
—Debo ir al norte, tengo que ir a buscarlo. —Dijo con un hilo de voz por el nudo que tenía en la garganta.
—Tu secretaria está llamando para reservar los pasajes, saldremos cuanto antes. —Dijo su padre mirándolo.— ¿Estás bien hijo?
No. No estaba bien, estaba conteniendo las ganas de gritar. Marco se preguntaba internamente por qué no lloraba. Chris lloraba, su papá lloraba, pero sus ojos estaban secos. Solo sentía frío, aturdimiento, pero no podía llorar.
Solo asintió levantándose de la silla, tomó sus cosas y salió como un zombie de la oficina, acompañado de su papá y de Chris.
No supo cómo llegó al aeropuerto, ni como subió al avión. En lo único que podía pensar era en Tomy. En el momento que lo vio cuando subió al bus, había tenido un presentimiento…
No debió dejarlo partir. Nunca debió dejarlo partir.
Cuando llegaron al aeropuerto de La Serena, su mamá, sus hermanos y Gabriel estaban allí. Abrazó a todos y tranquilizó a su mamá que lloraba desconsolada.
Todos quienes estaban allí amaban a Tomy, era imposible no amarlo, él era tan dulce…
—Gabriel… ¿Dónde está? —Pidió de inmediato queriendo que lo llevaran con Tomy.
—En la morgue de la ciudad.
Solo pudo asentir mientras la información entraba en su cerebro. En la morgue. Tomy estaba en una morgue.
Subió al automóvil de su hermano junto a sus padres y Chris se fue con su hermana y Gabriel.
—¿Está bien? —Escuchó a su mamá preguntar a su papá
—Creo que aún está en shock. —Contestó su papá abrazándola.
¿Estaba en shock? Probablemente. Aún no podía creer que esto estuviera sucediendo. En la mañana todo era perfecto y ahora iba camino a la morgue a identificar y retirar el cuerpo de Tomy…
Solo cuando el automóvil de su hermano se detuvo frente a la casa de sus padres, se dio cuenta que no lo habían llevado a la morgue.
Todos bajaron rápidamente del automóvil dejándolo confundido. Salió del carro y miró a su familia.
—¿Por qué estamos aquí? Debo ir a la morgue. —Murmuró esperando que su hermano lo llevara.
Notó el cambio de actitud de sus padres y su hermano. Gabriel se acercó a él y luego lo miró avergonzado.
—No es necesario que vayas allí. —Dijo Gabriel.
—Sí lo es, Tomy es… era mi pareja.
—Marco… Legalmente el responsable es su padre. —Dijo Gabriel.
En ese momento todo el peso de la realidad cayó sobre él. Tomy y él estaban casados solo simbólicamente. Legalmente no tenía ningún derecho sobre los restos de Tomy.
Había estado conteniendo la rabia y el dolor por horas y aquello lo hizo explotar por fin.
—¡No! ¡No! —Dijo gritando en medio del jardín.— ¡Tomy era mi esposo! ¡Es mi responsabilidad! ¡No de él!
—Marco, cálmate hijo. —Su padre trató de acercarse pero Marco estaba más allá de entender nada y se alejó de él.
—¡No! ¡No quiero que ese hombre se le acerque! —Dijo golpeando el capó del carro con los puños.— ¡Él lo lastima! ¡Su padre lo hace sufrir! ¡No dejaré que lo lastime! ¡Le prometí que jamás volvería a lastimarlo!
—¡Marco! —Dijo su hermano mayor llegando hasta él y conteniéndolo.— Ya no puede lastimarlo hermanito, ya nadie puede lastimarlo.
—No… —Dijo tratando de zafarse de los fuertes brazos de su hermano.— Él no… Él no…
—Él se fue Marco. —Dijo su hermano mayor tomándole la cara entre sus grandes manos.— Tomy se fue.
Marco no podía aceptarlo, se negaba a aceptarlo, pero su hermano tenía razón. Tomy se había ido. Tomy estaba muerto y no iba a volver.
Apoyó su frente en la de su hermano y dejó que el dolor por fin lo venciera. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y se desplomó en el suelo sollozando en los brazos de su hermano.

Siguiente capítulo

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