Marco respiró profundo y reunió el valor que necesitaba para hablar con Chris.
Gracias al cielo el día anterior cuando llegaron a casa, Chris y él solo se fueron a dormir. Marco notó que Chris estaba extraño, pero no quiso hacer comentarios.
Le costó quedarse dormido, su mente volvía una y otra vez al rostro del pequeño hombre que los había interrumpido, no sabía nada de él, por lo joven que se veía probablemente era de primero. Quería buscarlo, quería saber de él, quería estar con él…
Pero no podía hacer nada de eso mientras estuviera con Chris, no podía hacer nada que lo lastimara y sabía que si su amigo no quería romper con él, se quedaría con Chris.
Su amigo era importante para él, en los casi cinco años que se conocían, Chris había sido el mejor amigo que había tenido nunca y jamás haría nada para lastimarlo.
Entró en la biblioteca y encontró sin dificultades a su amigo, se acercó a él sin quitarle los ojos de encima. Chris era guapo, era buen estudiante, buen amigo y cualquier hombre sería afortunado de tener a un hombre como él…
¿Entonces por qué no se sentía afortunado de tenerlo? ¿Por qué no podía sentir más que amistad por Chris? ¿Por qué no podía sacarse al pequeño estudiante de primero de la cabeza?
—Hola Chris. —Lo saludó nervioso.
—Hola Marco, ¿estás bien? Te ves nervioso…
—Sí, no, quiero decir estoy bien. —Dijo nervioso.
Chris se rió al verlo titubear.
—Jamás te había visto así de nervioso, ya dime qué te pasa.
—Recuerdas cuando conversamos ayer y me dijiste que no estabas seguro de que nosotros deberíamos… ya sabes…
—Sí. —Dijo Chris mirándolo a los ojos.— Estuve pensándolo mucho desde ayer y ahora ya estoy seguro.
Marco sintió que se le iba el corazón a los pies. Él sabía que sería un error tener sexo, amaba a Chris, pero no quería hacer el amor con él.
—Estoy seguro de que no debemos hacerlo. —Dijo Chris aún más serio.
—¿Qué? —Preguntó impactado.
—Marco, si esto hubiera sido correcto no habríamos esperado semanas para acostarnos, habría caído sobre ti y tú sobre mí sin dudarlo, pero ambos hemos encontrado una y mil excusas para aplazarlo.
—Chris…
—Está bien Marco. —Dijo Chris poniendo su mano sobre la de Marco.— Estamos mejor como amigos.
—¿Estás seguro? No quiero perder tu amistad Chris, es importante para mí.
—Lo sé, también lo es para mí, y te aseguro que todo seguirá igual, sigues siendo y siempre serás mi mejor amigo.
—No quiero que me malinterpretes… —Dijo por fin relajando los hombros.— Pero me siento aliviado.
—Yo también me siento aliviado. Me hubiera gustado que lo nuestro funcionara y hasta ayer estaba empeñado en seguir intentándolo a pesar de mis dudas, pero…
—¿Pero?
—Mis dudas se despejaron cuando acababas de besarme y bastó con que vieras a aquel muchacho de primero y tus ojos brillaron como nunca lo han hecho ni harán conmigo.
Marco miró a Chris avergonzado.
—Chris, lo lamento…
—Yo no. Por lo menos podemos decir que lo intentamos. Ahora te recomiendo que hables con el muchacho de primero. —Le dijo levantándose y recogiendo sus libros.
—No sé dónde encontrarlo. Ni siquiera sé cómo se llama. —Dijo Marco desanimado.— Ayer fue la primera vez que lo veía.
—Yo no, me lo he encontrado varias veces, sobre todo acá en la biblioteca, es muy amable.
—¿Lo conoces? —Preguntó esperanzado.
—Solo lo he saludado, tampoco sé cómo se llama, pero sé cómo puedes encontrarlo… —Le dijo Chris con una sonrisa engreída.
—¿Dónde? —Preguntó rápidamente.
Chris comenzó a guardar sus cosas lentamente en su mochila, alargando el suspenso y poniéndole los nervios de punta, cuando finalmente se puso de pie, se acercó y le habló bajo para que sólo él lo escuchara.
—Él está en estos momentos atrás de ti y no ha dejado de mirarte el trasero escondido detrás de ese enorme libro que tiene en las manos. —Dijo Chris sonriendo.
Miró a Chris sorprendido pensando que le estaba tomando el pelo. Pero su amigo se despidió con una sonrisa y se alejó en dirección a la salida.
Marco se giró y ahí estaba el dulce muchacho de primero mirándolo. Cuando el jovencito se dio cuenta que lo había atrapado viéndole el trasero se escondió tras un enorme libro que tenía en sus manos.
Marco no pudo evitar sonreír, era la cosa más tierna que había visto nunca.
Aún con la sonrisa pegada en sus labios se levantó lentamente antes colgarse su mochila y caminar hacia él. Se sentó frente a la pila de libros que tenía esparcidos por la mesa esperando que saliera de su improvisado escondite. Miró los libros en la mesa, eran libros de química, el pequeño estudiaba química.
Suavemente el libro en sus manos comenzó a bajar y cuando lo vio frente a él sus ojos se abrieron con sorpresa.
Había soñado toda la noche con esos hermosos ojos color miel, ahora que podía, lo miró con más detenimiento.
El muchacho era guapo, sus ojos eran grandes y tímidos, y sus labios pequeños y rosados. Su nariz era lo menos atractivo de su rostro, tenía un pequeño bulto en el tabique nasal y además estaba algo torcida, como si se la hubiera fracturado, aún así, esa poco atractiva nariz le daba personalidad a su rostro. El pelo corto casi rapado dejaba ver un color oscuro, probablemente castaño, como sus delicadas cejas y sus largas pestañas.
—Hola. —Le dijo con una sonrisa alegre.
El muchacho solo lo miró asustado y con la boca abierta sin contestar, Marco no sabía si se había quedado mudo o simplemente no quería hablar con él.
Si le había estado mirando el trasero, podía suponer que era gay. ¿Pero y si no lo era?
—Me llamo Marco. Marco Caneiro. —Dijo en un nuevo intento por lograr que hablara con él.
—To… Tomy… Quiero decir… Tomás Zuanic. —Dijo nervioso.
—¿Cómo prefieres que te llamen? ¿Tomás o Tomy?
—To… Tomy… —Volvió a tartamudear Tomy.
—No estés nervioso, solo quiero conversar contigo. ¿Está bien?
Tomy asintió brevemente y Marco le sonrió para darle confianza.
—¿Qué estás estudiando? —Preguntó apuntando a los libros
—Química… Estoy en primero de ingeniería química.
—Agg… —Dijo Marco sacando la lengua.— ¡Odiaba la química cuando estaba en el colegio!
Ese simple gesto hizo que Tomy se relajara y riera.
—¿Qué estudias tú?
—Ingeniería civil en construcción.
—Agg… —Dijo Tomy imitando el gesto de Marco.
—Sí, supongo que es aburrido para ti. —Dijo Marco riendo también.— Mi papá tiene una pequeña constructora y me crié en ese ambiente, entre obreros y cemento. A mi hermano mayor no les gustaba, pero a mí sí.
—O sea que tu papá está feliz de la carrera que elegiste.
—Dice que fue uno de los días más felices de su vida.
—Ya lo creo.
Marco sonrió al ver la tímida y cálida sonrisa en los bellos labios de Tomy.
—Tengo una duda Tomy…
—¿Cuál?
—¿Se puede saber cómo es que nunca te había visto antes en la facultad?
—No lo sé… Puede ser que paso mucho tiempo en la biblioteca.
—¿Te gusta leer?
—Sí, además suelo terminar mis clases antes que mi primo, así que vengo a la biblioteca a esperarlo.
—¿Estudia ingeniería también?
—No, está en otra facultad, en arquitectura, pero pasa por mí y me lleva a casa.
—¿A casa de tus padres?
—No, vivo con mi primo, mi familia está en el norte…
—¿En el norte? Yo también soy del norte, de La Serena.
—Yo también soy de La Serena. —Dijo Tomy sorprendido.
—¿En serio? ¿Y cómo fue que nunca te conocí? No es una ciudad muy grande.
—No lo es, pero no somos de la misma generación.
Eso era verdad, si Tomy tenía dieciocho o diecinueve, cuando Marco dejó La Serena hace casi cinco años, Tomy apenas era un niño en esa época.
Una parte de él estaba saltando de alegría, ya que este verano volvería más feliz que nunca a su casa si eso significaba que tendría la posibilidad de ver a Tomy durante las vacaciones.
Marco no podía dejar de sonreír, Tomy hablaba bajito y su timidez casi se podía palpar, pero era muy expresivo cuando hablaba, sus cejas y sus hombros se movían cuando quería expresar algo y a Marco le encantaban esos gestos.
Deseaba de todo corazón que Tomy fuera gay, porque no cabía duda de que quería una oportunidad con él.
¿Querría Tomy lo mismo?


Tomy sentía que el corazón se le saldría del pecho. Su príncipe estaba frente a él. Se había acercado a él para conversar, no para burlarse de él como solían hacer los hombres de su estatura.
—¿Así que vuelves a La Serena estas vacaciones con tus padres?
—Solo mi padre y mi hermana viven en La Serena, mi madre falleció cuando era niño.
—Lo lamento. —Dijo Marco serio.
—Gracias, pero en realidad apenas tengo algunos recuerdos de mi mamá, era muy pequeño cuando ella murió.
—Debió ser difícil criarse sin una madre.
—Sí, lo fue, afortunadamente tenía a mi hermana mayor y a mi abuelita… Desgraciadamente ella también falleció hace dos años
Tomy amaba a Karen, su hermana siempre lo defendía. Su abuela en cambio siempre apoyaba a su papá y justificaba que su padre lo golpeara, decía que así se formaba el carácter. Obviamente para Tomy esa crianza no había funcionado, porque su carácter era el de un ratón, y eso con suerte, porque a veces se sentía menos que un ratón.
Marco siguió conversando con él mucho tiempo. Tomy se olvidó de los libros y por una tarde se dedicó simplemente a disfrutar de la compañía de Marco.
Su guapo príncipe era encantador y divertido. En varias ocasiones lo hizo reír, logrando que la bibliotecaria los mirara feo y los hiciera callar.
Tomy aún no entendía por qué un hombre como Marco había hablado con él, ni por qué era tan amable.
Y de repente entendió por qué… Tal vez Marco solo quería que Tomy mantuviera la boca cerrada de lo que había visto el día anterior.
—No le diré nada a nadie. —Le dijo a Marco con un hilo de voz.
—¿Qué cosa no dirás?
—Lo de ayer… No quise interrumpirlos. No le diré nada a nadie, mi primo también es gay, no me molesta que se besaran.
—No me preocupa que lo cuentes, mis amigos saben que soy gay. ¿Y tú? ¿También eres gay?
Tomy se puso colorado y bajó la vista avergonzado.
—¿Es tan obvio?
—No, no lo es, por eso te lo pregunté.
—Sí. —Dijo Tomy asintiendo brevemente.
—No deberías sentirte avergonzado de ser gay. Es quien eres, no lo puedes cambiar.
—Díselo a mi papá… —Dijo triste.
—¿Tu papá no lo sabe?
—No, no lo entendería… —Dijo negando con la cabeza.
—Mis padres tampoco lo tomaron bien al principio, pero después lo aceptaron. Ahora mi madre quiere que le presente a algún novio. —Dijo con su hermosa sonrisa.
—Dudo que mi padre quiera conocer a alguno de mis novios alguna vez.
—¿Tienes más de un novio? —Preguntó Marco sorprendido.
—¡No! Estaba hablando de manera hipotética… Si en el futuro tuviera algún novio. —Dijo bajando la cabeza avergonzado.
Vio la hora en su reloj y gimió decepcionado.
—Ya debo marcharme. —Le dijo a Marco.— Gabriel pasará por mí en unos minutos.
—Puedo llevarte si quieres. Tengo un automóvil, es viejo y destartalado, pero aún sirve.
—No, no es necesario que te molestes.
—No es molestia, quiero seguir conversando contigo. ¿Tú no?
Tomy sintió su corazón elevarse como si estuviera inflado con helio. Miró al guapo hombre frente a él. Si Marco supiera todas las cosas que quería hacer con él probablemente no se habría ofrecido a llevarlo.
—Si… ¿Pero no le molestará a tu novio? —Preguntó poniéndose de pie y comenzando a recoger sus libros.
—Ex novio. —Dijo Marco poniéndose de pie también.
La respiración se le congeló de golpe a Tomy. ¿Christian ya no era su novio?
—Pero ayer ustedes… —Dijo sorprendido y con la esperanza inflando en su pecho.
—Lo sé, viste a Chris besarme, pero te aseguro que ya no somos novios y además sabe que estoy interesado en ti.
Tomy sintió las extremidades débiles y los pesados libros que estaba sosteniendo cayeron al suelo con un sonoro estrépito logrando que todas las miradas fueran hacia él.
¿Había dicho que estaba interesado en él? ¿Realmente lo había dicho?
—¿Estás bien? —Preguntó Marco agachándose a recoger sus libros.
Se quedó congelado viendo como Marco recogía amablemente sus libros y se paraba junto a él. Cuando por fin tuvo el valor de mirarlo a los ojos tuvo que hacerlo hacia arriba, era alto y él era tan bajito que con suerte le llegaba al hombro.
—¿Estás interesado en mi? —Preguntó aturdido.
—Es lo que acabo de decir. —Dijo Marco con una hermosa sonrisa.
—¿Por qué?
Marco sonrió y lo miró de una manera que lo hizo ponerse colorado.
—¿En serio no sabes lo atractivo que eres?
—¿Yo? —Preguntó sorprendido.
¿Acaso Marco no había visto su cuerpo flacucho y su nariz torcida? ¿Por qué diablos ese hermoso hombre estaba interesado en él?
Marco sonrió y se sentó en la orilla de la mesa para quedar a la altura de sus ojos.
—Parece que de verdad no lo sabes… Bueno, entonces déjame decirte que tienes unos ojos hermosos y esas pestañas largas son adorables y tu boca… He querido besar tus labios desde el momento que te vi.
Tomy sintió que su cara estaba ardiendo. Marco sonrió y acarició su mejilla.
—Y sonrojado te ves aún más lindo.
Aún en shock, Tomy sentía que no era capaz de pronunciar ni una sola palabra coherente. No solo por sentir la mano de Marco sobre su mejilla, además el hombre de sus sueños por fin sabía que existía y había dicho que quería besarlo.
¿Podía ser que esa mañana hubiera olvidado poner la alarma del despertador y aún estuviera dormido?
Porque sin duda estaba soñando. Y definitivamente no quería despertar jamás.


Marco había acompañado al tímido Tomy a la salida de la facultad, no habían dejado de mirarse de reojo el uno al otro en todo el camino.
Mientras esperaban al primo de Tomy siguieron conversando de todo, pero Marco notaba que a pesar de estar relajado y tranquilo, Tomy seguía igual de callado y tímido. Él era así, y no le molestaba, al contrario, le encantaba que fuera así.
Varios minutos después un moreno de lindos ojos verdes se acercó a Tomy.
—Hola lindo. —Dijo acercándose a Tomy y besándolo en la mejilla.
Marco no pudo evitar fruncir el ceño, esperaba que ese fuese el primo de Tomy o iba a romperle la nariz por besarlo con tanta confianza.
—Marco, él es Gabriel, mi primo.
El ceño de Marco se suavizó y apretó la mano que Gabriel le extendió.
—Mucho gusto. —Dijo Gabriel alegremente.— ¿Eres compañero de Tomy?
—No, solo un amigo. —Un amigo que esperaba ser algo más muy pronto, pensó.
—Voy a ir a tomar algo con Nelson y unos amigos. ¿Nos quieren acompañar?
Marco notó que Tomy no parecía cómodo y luego negó con la cabeza.
—No tengo muchas ganas de ir, prefiero acostarme temprano.
Su primo lo miró y luego a Marco.
—Sí, ya creo que te vas a «acostar» temprano. —Dijo Gabriel mirando Marco y riendo.
—¡Gabriel! —Dijo Tomy avergonzado al ver que Marco también reía.
—¿Qué? Ya va siendo hora de que te portes mal.
—Puedo acompañar a Tomy a su casa. —Se ofreció Marco aprovechando la oportunidad.
—¿No te molesta? —Preguntó Gabriel.
—Para nada, ya se lo había ofrecido.
—Bien, entonces te dejo en buenas manos. —Le dijo sonriendo Gabriel.— No hagas nada que yo no haría primo y trata de utilizar mi regalo de cumpleaños.
En esos momentos Tomy se puso tan rojo como un tomate.
—¿Qué regalo? —Preguntó intrigado.
—Eso es entre mi primo y yo, pero espero que algún día lo sepas. —Dijo Gabriel riendo con la mortificación de Tomy.
—¡Ya vete! —Dijo Tomy aún colorado.
Gabriel se despidió rápidamente y casi corrió hacia un grupo de amigos que lo esperaba.
—¿Por qué no quisiste acompañar a Gabriel? —Le preguntó a Tomy cuando quedaron solos.
—No salgo mucho, soy más bien de quedarme en casa. Además Nelson no me cae muy bien.
—¿Quién es él? —Preguntó cuando comenzaron a caminar.
—Nelson es un amigo de Gabriel, hay algo en él que no me agrada.
—¿Qué cosa?
—No lo sé en realidad, Nelson es muy… Si fuera hetero te diría que es muy mujeriego, pero es gay, y siempre anda con uno y con otro…
—¿Es muy puto?
—Bueno, si. Además no me gusta cómo me mira.
—¿Cómo te mira?
—No sé… No sé cómo explicarlo…
De camino al departamento de Tomy, Marco no pudo dejar de sonreír. Al momento de llegar a la puerta del departamento, Marco ya tenía una linda erección, no pensaba hacer ningún movimiento demasiado atrevido, sabía que con Tomy debía ir despacio, no quería asustarlo y que no quisiera volver a verlo, pero al menos esperaba poder darle un pequeño beso de despedida.
Tomy se quedó con las llaves en la mano y notoriamente nervioso.
—¿Puedo llamarte mañana? —Preguntó Marco apoyándose en la pared casualmente.
—Sí, me gustaría mucho… —Contestó Tomy poniéndose colorado.
Marco vio su oportunidad y se inclinó lentamente hacia Tomy, pero cuando lo iba a besar Tomy se separó rápidamente.
—Al… Alguien puede vernos en el pasillo. — Le sonrió tímidamente.
Marco sonrió y tomó las llaves de su mano, abrió la puerta y los metió a ambos al interior del departamento. Apenas la puerta se cerró atrajo a Tomy a sus brazos.
Y esta vez nadie podría interrumpirlos.
Lo acercó una vez más y lo besó suavemente.
Y lo supo.
Supo en ese momento que había encontrado al indicado. Su corazón latió con fuerza y en lo único que podía pensar era en sostener en sus brazos a Tomy.


Tomy estaba en el cielo.
Había soñado y esperado su primer beso con un hombre por mucho tiempo. Y sobre todo había fantaseado millones de veces en besar a Marco, pero la realidad era diez veces mejor que la fantasía.
Cuando Marco lo besó pensó que el corazón se le saldría del pecho, el beso era dulce, suave y demasiado corto para su gusto.
—Guau. —Dijo Marco.— Ese fue definitivamente el mejor primer beso de la historia.
Tomy sonrió y Marco volvió a besarlo. El segundo beso casi lo hace desmayar, ya no era tan dulce, Marco suavemente logró que abriera sus labios y su lengua barrió el interior de su boca.
Tomy solo atinó a colocar sus manos en la cintura de Marco y dejar que las deliciosas sensaciones se apoderaran de su voluntad.
Lo único que deseaba era quedarse allí para siempre en los brazos de Marco. Pero lamentablemente nada es para siempre y Marco se separó de él tan suavemente como lo había besado.
—¿Estás bien? —Le preguntó Marco apoyando los labios en su frente.
Tomy se sonrojó y apoyó la cabeza en su amplio pecho, complacido y a la vez avergonzado de confesar que ese había sido su primer beso.
—Nunca he estado mejor.
Se quedaron abrazados unos segundos y luego Tomy levantó la vista hacia el guapo hombre que lo sostenía.
—¿Quieres beber algo? —Preguntó tímidamente.
—Me encantaría, pero creo que es mejor que me marche. —Dijo Marco volviendo a besar su frente.
—¿Tan pronto?
—¿Quieres que me quede?
Tomy iba a decir de inmediato que sí, pero se contuvo. ¿Y si Marco quería…?
—No pongas esa cara de susto. —Dijo Marco sonriendo y cogiendo suavemente su cara.— Si me quedo un rato solo te robaré uno o dos besos más.
—Aún no entiendo por qué eres tan lindo conmigo. —Dijo poniéndose colorado.
—¿Por qué? Porque me gustas mucho Tomy.
—¿En serio? —Preguntó Tomy esperanzado.
—Muy en serio. —Dijo posando un suave beso sobre sus labios.— Siento una conexión contigo que jamás he sentido con nadie. No puedo creer que recién nos conociéramos ayer, que no te hubiera notado antes.
—Tú me notaste recién, yo llevo meses mirándote… —Confesó sin poder controlar su idiota lengua y poniéndose colorado hasta las orejas.
—¿De verdad? —Preguntó Marco sorprendido.— En mi defensa, era difícil notarte si siempre te estabas escondiendo.
—No pensé que te fijarías en mí. —Dijo abrazándolo y escondiendo su avergonzado rostro en el pecho de Marco.— Ni siquiera me imaginé que eras gay hasta que te vi besar a Christian.
—Lamento que me vieras besarlo. No volverá a pasar.
—¿De verdad terminaste con él?
—En realidad él fue quien terminó conmigo.
—Debe odiarme. —Dijo con un lamento. No quería que Christian lo odiara, no quería ser la causa de un problema entre ellos.
—Para nada. Lo nuestro no era serio cariño. Solo estábamos probando si podíamos ser más que amigos, pero no funcionó para nosotros. Chris se dio cuenta de cuánto me gustas y el mismo me dijo donde encontrarte. Lo conozco lo suficiente como para asegurarte que estará feliz por nosotros.
Tomy lo miró incrédulo y se volvió a abrazar a él.
—Tú también me gustas mucho.
Marco lo acercó a él y le dio el más delicioso de los besos. La lengua de Marco entró en su boca y no pudo evitar gemir. Se puso en puntas de pie y subió las manos al cuello del guapo hombre en sus brazos para acercarlo más. Podía sentir cada centímetro de su alto cuerpo, incluyendo la contundente erección contra su estómago.
Marco pereció contenerse un momento y terminó el beso pero sin dejar de abrazarlo.
—Ahora si es mejor que me marche, si no lo hago haré algo de lo que puedo arrepentirme y no quiero que pienses que quiero aprovecharme de ti.
—¿Quieres aprovecharte de mí?
—No te diré que no quiero acostarme contigo, porque si lo quiero. Pero es muy pronto aún cariño, aunque espero que en un futuro si me invites a tu cama… —Dijo besando su mejilla.— Por eso prefiero irme antes de hacer algo que te asuste y me saques de tu departamento por sinvergüenza.
Su primo le había advertido varias veces que se cuidara, que había hombres que le dirían cosas lindas solo para llevárselo a la cama.
¿Sería Marco así? ¿Le habría dicho todas esas cosas lindas para aprovecharse de él?
Lo pensó unos segundos y luego sintió la firme mano de Marco sobre su espalda bajando y acariciándolo suavemente. La mano no llegó a su trasero… Pero él lo deseaba, deseaba sentir las manos de Marco en su trasero.
Después de todo, si alguien se iba a aprovechar de él, esperaba de todo corazón que fuera Marco quien lo hiciera.
—Quédate un rato más… —Dijo abrazándose más cerca de Marco y con voz tan baja que ni él mismo se escuchó.
—¿Qué dijiste cariño?
—Quédate un rato más… —Repitió esta vez un poco más alto y sintiendo que sus mejillas ardían.
Marco lo miró sonriendo y lo llevó hasta el viejo sofá que Gabriel y él habían colocado en la sala. Se sentó en el sofá y abrazó a Tomy colocándolo entre sus brazos y volviéndolo a besar.
Cuando Marco levantó su camiseta y tocó la piel de su espalda un suave gemido salió de su boca. ¿Por qué diablos no había hecho esto antes?
Beso tras beso, caricia, tras caricia, Tomy sentía que por fin estaba dejando atrás su inexperiencia y esperaba que pronto, muy pronto también su virginidad.
Sintió la mano de Marco acariciarlo esta vez cerca de sus genitales y no pudo evitar contener el aliento. Una parte de él estaba asustado y quería detenerlo, pero otra parte lo deseaba como nunca había deseado nada.
¡Al diablo con las advertencias! ¡Quería que Marco se aprovechara de él!


Marco estaba en el séptimo cielo.
Tomy y él habían pasado el resto de tarde y parte de la noche conversando, besándose y acariciándose el uno al otro. Solo se habían animado a acariciarse con la ropa puesta, lo más atrevido que había hecho era meter su mano bajo la camiseta de Tomy.
Estaba loco por abrir los pantalones de Tomy o quitarle la camiseta para sentirlo sin la ropa como intermediaria, pero sabía que si lo hacía no habría vuelta atrás.
—Es tarde cariño, ya debería marcharme.
—Lo sé, pero no quiero que te marches aún.
—Ya sabes lo que pasará si me quedo… —Dijo con la voz ronca
—Lo sé.
—¿Es lo que quieres?
—Si lo quiero, pero…
—¿Pero?
—Tengo un poco de miedo…
—¿Miedo? Sabes que no te lastimaría cariño… —Le dijo Marco besándole la nariz.
—Lo sé, es solo que yo nunca… nunca he… ya sabes. —Dijo con voz tímida.
—¿Nunca has hecho el amor con un hombre?
—No, ni siquiera había besado a un hombre antes, solo a mujeres.
—¿Mujeres? ¿Más de una?
—Sí, tuve un par de novias, más que nada para que mi papá no supiera que soy gay.
—Besé a una chica por curiosidad hace tiempo, pero nunca he tenido una novia, solo sirvió para darme cuenta que lo mío definitivamente son los hombres.
Sintió a Tomy sonreír tímidamente y lo miró para que le dijera de qué se reía.
—Siempre tuve deseos de estar con un hombre, pero solo hoy contigo me he dado cuenta que solo quiero besar a hombres, se acabaron las mujeres para mí.
—Me alegro, porque no pienso compartirte. —Dijo bajando la mano por su espalda y acariciando su pequeño trasero.
Tomy levantó el rostro tímidamente, Marco aprovechó la invitación y lo besó, había recorrido sus labios y saboreado su boca por horas y aún no le parecía suficiente.
Colocó sus manos firmemente en las nalgas de Tomy y lo acercó a sus caderas, podía sentir sus erecciones juntas, pero en esos momentos la puerta de calle se abrió y Gabriel entró en la habitación acompañado de un hombre.
—Wow. —Dijo Gabriel sorprendido cuando los vio a ambos abrazados en el sofá.
Tomy dio un grito y Marco instintivamente lo abrazó. En esos momentos dio gracias al cielo que aún estaban con ropa.
—Vaya, parece que tu noche fue mucho mejor que la mía. —Dijo Gabriel sonriendo.
En esos momentos se fijó que el hombre junto a Gabriel estaba mirando a Tomy.
—¿No quieren compañía? —Preguntó el hombre lujuriosamente haciendo que Tomy se sonrojara.
—Ni en sueños. —Dijo Marco cortante.
Se puso de pie y Tomy hizo lo mismo cuando ambos, Gabriel y el desconocido se acercaban.
—Este idiota es Nelson. —Le dijo Gabriel a Marco.
Y Marco de inmediato entendió por qué Tomy se sentía incómodo con Nelson. El amigo de Gabriel era un baboso lujurioso que miraba a su pequeño Tomy con deseo. Tal vez Tomy era demasiado inocente para notarlo, pero de seguro eso era lo que lo ponía incómodo.
—Marco, el novio de Tomy. —Dijo marcando la palabra novio.
Abrazó a Tomy con un brazo y estiró su mano para estrechar la de Nelson, no pudo evitar apretarla un poco más de lo preciso. Si fuera necesario mearía alrededor de Tomy para dejarle claro que su pequeño novio era suyo y de nadie más. Se encargaría de dejarle claro al muy idiota que no se atreviera ni siquiera a mirarlo otra vez
—¿Novio? —Preguntó Gabriel sorprendido.— Vaya primo, no te andas con chicas. Conquistaste al chico más guapo de la facultad.
Tomy se puso rojo como un tomate y se abrazó más cerca de Marco.
—Pensé que ese era yo. —Dijo Nelson.
—No. —Dijo de inmediato Tomy.— Es Marco.
—Ni siquiera lo eres de la facultad de arquitectura, ese soy yo. —Dijo orgulloso Gabriel.— Pero definitivamente el más guapo de ingeniería es Marco. Ganaste la encuesta en nuestra facultad. —Le dijo Gabriel sonriendo.
—¿Hicieron una encuesta? —Preguntó sorprendido.
—Sí y votaron mujeres y gays. —Dijo Gabriel.— Y ganaste por amplia mayoría.
—¿En eso pierden el tiempo en arquitectura?
—Y en emborracharnos. —Dijo Gabriel riendo.
—Fue un gusto conocerlos, pero ya debo irme. —Dijo Marco.
—Un gusto. —Dijo Gabriel extendiendo su mano.— Supongo que te veré pronto.
—Y muy seguido. —Dijo Marco devolviendo el saludo.
Tras las despedidas, Tomy lo acompañó a la puerta.
—¿Te veré mañana? —Preguntó Tomy tímidamente casi con miedo.
—¿De qué tienes miedo cielo? — Marco lo miró confundido.
—Tengo miedo de no volver a verte después de hoy. —Dijo con tristeza.
—Eso no va a pasar Tomy. Eres mi novio ahora.
—¿Lo soy? —Preguntó sorprendido.
—¿No quieres ser mi novio?
—¡Sí! —Dijo de inmediato, logrando que Marco sonriera.— Pensé que solo lo habías dicho para no avergonzarme…
—Lo dije porque lo quiero y más te vale que te acostumbres a verme cerca de ti, porque me verás mañana y todos los días después de mañana. —Dijo besándolo dulcemente.
¿Podría ser que hubiera encontrado al hombre adecuado a los veintitrés años?
Sus padres llevaban más de treinta años juntos, y aún estaban enamorados, él quería eso, creía en el amor para toda la vida y en formar una familia, aunque fuera de a dos. Siempre había deseado tener hijos, pero ya había asumido que por ser gay nunca los tendría, no era algo que le agradara. Por más que quisiera ser padre, no sentía ni el menor interés en acostarse con una mujer, ni siquiera para tener hijos.
Acarició la mejilla de Tomy y en ese momento supo que el hombre frente a él, era el hombre que había estado esperando, sabía que su vida había dado un giro al conocer a Tomy.
Probablemente el giro más importante de su vida.

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